febbraio 14, 2019

De la Oda a la alegría a la Política del sinthome

La caída del muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989 se vivió con una gran alegría por todo Europa y en el mundo, como símbolo de la caída del poder de los soviets y de la reunificación de Alemania, homenaje a quienes lucharon contra este muro de la infamia, acto que puso fin a la guerra fría donde resurgieron debates sobre los derechos humanos y la democracia a lo largo y ancho de los países democráticos y de los países del otro lado de la cortina de hierro. A la celebración asistieron músicos notables, el director Leonard Bernstein cambió la letra de la Oda a la alegría(Freude) por la Oda a la libertad( Freiheit) de la 9ª sinfonía de Beethoven, cantada y tocada por músicos de Alemania, Francia, Usa, Inglaterra y Rusia; el violonchelista Mstislav Rostropovich, en plena caída del muro, tocó la Zarabanda de la 2ª suite de Johann Sebastian Bach, la caída del muro de Pink Floyd fue escenificada en un megaconcierto por músicos destacados de habla inglesa. Con el discurso político de la globalización surge entonces un nuevo ser hablante, discurso que es interpretado por la burocracia europea no solo en beneficio del gran debate sobre los derechos humanos y la lucha contra los racismos, sino que paradójicamente se elige, por el sistema neo-capitalista en conjunción con la ciencia, un conjunto de practicas de control y de gestión de los individuos para estabilizar el nuevo orden geopolítico donde los individuos pasan de su estatuto de sujetos al de ser unas cosas evaluadas a partir de normas colectivas donde la exigencia de transparencia, evaluación y control, ataca las libertades individuales y el derecho al secreto.

La construcción de Europa, más allá de la función del mercado común, entra así en ese mercado de valores que calcula como administrar la vida, aplicando protocolos, estadísticas y programas de prevención y de despistaje, para incluir en los intersticios del tejido social las categorías de la Sociedad Americana de Psiquiatría que hacen del sufrimiento humano una enfermedad, lo que deja como efecto, el retorno de lo real traumático de las guerras y del nazismo, bajo los discursos políticos de la segregación y los nacionalismos. Una política-administrativa se implanta provocando un cambio profundo en los cuerpos, el inconsciente y el lenguaje de los seres hablantes a partir de esta versión patológica de la política como si la sociedad fuera un gran hospital, donde hay enfermedades para tratar. Esta versión clínica de la política son las técnicas de adaptación y de adiestramiento de las técnicas cognitivas-comportamentales. No es de extrañar que los políticos hayan perdido credibilidad y autoridad, puesto que, si los individuos son considerados a través del filtro de la sospecha y sin cesar tengan que producir un significante amo de la evaluación para el bien de las empresas o de la humanidad, el lazo discursivo que sostiene la relación del deseo inconsciente con los objetos pulsionales del cuerpo del ser hablante se rompe, dejando a los individuos a la deriva bajo los efectos del goce sin límites que no pasa mas por la palabra y el discurso. La voz y el decir de los sujetos se hace escuchar en las manifestaciones por los derechos sustraídos puesto que hay una falla estructural que no puede ser alcanzada por la cuantificación.

En el siglo XX la categoría de la existencia, puesta en primer plano por los escritores y filósofos de l’après-guerre y por el psicoanálisis con Freud y Lacan, fue transformada por los administradores haciendo pasar la existencia, al plano de la biología. Foucault dice “Si el genocidio es el sueño de los poderes modernos, no es por causa del retorno del viejo deseo de matar. El es debido al hecho que el poder reside y se ejerce a nivel de la vida, de la especie, de la raza y de los fenómenos masivos de población (…) Se trata de una época donde los rituales que rodeaban la muerte han desaparecido, la muerte parece no tener ninguna importancia, porque el poder se ejerce a nivel de la vida (…) Es la primera vez en la historia que lo biológico de la vida pasa bajo el poder administrativo”. El nuevo paradigma biológico de la ciencia aborda el cuerpo de los seres hablantes como una máquina donde el viviente es el soporte de procesos donde se excluye de entrada el cuerpo hablante, la interrogación de su deseo y del goce inconsciente que lo habita, para dar paso a exámenes IRM que vienen para encontrar el lugar de la locura en el cerebro, la intervención del código genético para control de la natalidad y la purificación racial, la cirugía y tratamiento farmacológico para cambiar el sexo, la producción de medicamentos a gran escala para cada nueva enfermedad del DSM5 , los estudios de la actividad cerebral y las técnicas cognitivas herederos de la antigua frenología se plantean en oposición al psicoanálisis y a la causalidad psíquica acabando con la libertad de decir, con la memoria y el lenguaje, se comercializa a gran escala la venta e implantación de órganos y para terminar esta lista que podría extenderse dada la fragmentación del cuerpo, se proclama el derecho a la eutanasia, y la administración se interesa en el calculo de la duración de su vida. El hombre de la modernidad encuentra en la política la puesta en cuestión de su ser viviente, el discurso del derecho concerniente a los cuerpos se presenta como una ley que distribuye el viviente según los criterios de utilidad y de valor predominantes en el mercado. El poder en algunos estados de Europa en este siglo XXI es alcanzado por movimientos fascistas y líderes autoritarios que fundan su fuerza en oligarquías mafiosas y racistas constituyéndose en una real amenaza para los derechos fundamentales de los ciudadanos. Las libertades de desplazamiento entre las fronteras, de hacer escuchar su palabra ya sea oral o escrita, de reunión y opinión política, de elección sexual y de estado civil, de libre disposición de sus cuerpos y de derecho al aborto para las mujeres, son derechos fundamentales socavados en estos regímenes autoritarios que quisieran afianzar la situación política de fragilidad de la sociedad y de sus estados, con la propaganda que difunde el retorno a la intimidación y a la intolerancia contra los que sean diferentes , al miedo y odio contra los extranjeros, manipulando y despertando así las pasiones mas innobles entre los que se sienten dejados a un lado en la carrera loca del consumo y del acceso a lo que se considera privilegios en una sociedad.

La cuestión de Lacan sobre la Cosa freudiana, la substancia del goce imposible de decir se mantiene viva en el campo de la Ética donde se requiere ir más allá o mas acá del sujeto del inconsciente, pues el sujeto hablante no es la cadena significante, tampoco es el lugar de los afectos, no hay manera de abordarla ni por el amor ni por el odio, la angustia es una señal, pero no es la Cosa, ella tiene que ver con el más allá del Principio del placer, es la mala voluntad. El psicoanálisis de la orientación lacaniana es una práctica sin valor no sujetada a la tradición ni a los valores morales de la civilización puesto que el cuerpo en la experiencia analítica separa por el acto del analista, los ideales que han alienado al ser hablante del objeto pequeño a plus de gozar, para extraer las marcas de lo real del goce y encontrar otra manera de hacer con éstas. El declive de la función del Nombre-del-Padre ha abierto la vía a nuevos modos de goce y a múltiples respuestas a través de semblantes con los cuales abordar los enigmas de la vida sexual y de la vida, introduciéndose un cambio radical en la transmisión entre las generaciones en nombre de la ciencia.

Ni la nostalgia, ni el apocalipsis orientan el acto del analista que debe haber atravesado el fantasma fálico que le da una mirada sobre la realidad a partir de un orden que no existe más. Para enfrentar las consecuencias del Discurso del amo contemporáneo se requiere, caso por caso, aislar los objetos de goce pulsionales del cuerpo que sostienen el fantasma, el objeto de mira del acto analítico es este objeto pequeño a para vaciarlo, con su presencia silenciosa y la interpretación fuera de sentido que juega con los equívocos de la lalengua, única vía de tener acceso al cuerpo que se goza de la marca que lo traumatiza, lo cual incita al ser hablante a inventarse nuevas maneras de hacer con lo real. La política del síntoma es también una batalla por la democracia, a la cual llegamos por el tratamiento del amor de transferencia que nos vuelve efectivo un amor mas digno y un lazo social que vuelve indispensable la presencia y el decir en los asuntos de la política a nivel social.

Eugenia Varela